Cerca de Melon, hay una estructura que puedes ver desde el techo, un edificio un poco artístico, pero que parece estar abierto. Yo siempre lo veía, pero no sabía qué era hasta un día que pasé y vi que se llamaba los Encants. 
 
Algunas semanas antes, un amigo me mencionó que este mercado era guay, y decidí volver otro día. El siguiente fin de semana tuve un amigo de Oxford visitándome y yo quería enseñarle un mercado en la ciudad; como este quedaba tan cerca, decidí llevarlo ahí para ir de compras y también para desayunar.
 
Llegamos y pronto me di cuenta de que este mercado no era como los otros: era más bien un mercado de pulgas. Aunque no vendían comida, no había mucho más que no podrías encontrar ahí: electrónicos, ropa, zapatos, antigüedades, arte, tela y mucho más.
 
Como llegamos con hambre, lo que nos importaba más era encontrar comida. Ya casi nos íbamos, pensando que solo había un restaurante por un lado, pero decidimos subir al segundo piso para asegurarnos, y ahí había varios puestos de comida. Fue una sorpresa agradecida. Todos eran muy informales, con precios más o menos bajos y mesas en donde sentarte. Aunque no fue lo que esperaba ver, el mercado vale la pena visitar, para mirar y comer.